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  • Última Actualización 8 de Mayo 2019

CHIPILO DE FRANCISCO JAVIER MINA

Historia y Tradiciones

Toponimia y Reseña Histórica
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Chipilo fue fundado el 2 de octubre de 1882 por inmigrantes italianos provenientes de la región septentrional del Véneto, aunque también hubo algunos piamonteses y lombardos entre los fundadores.

 

A finales del siglo XIX se vivía en América una especie de ansia colonizadora y, en particular, América Latina volvía sus ojos hacia Europa, con intenciones de poblar su territorio trayendo extranjeros, varios de los cuales eran italianos. México no fue la excepción. Zilli Mánica en su libro Italianos en México rastreó documentos de la época y halló que muchas veces los mexicanos se enorgullecían cuando los europeos decidían radicar en México y no en Argentina o Brasil, como era costumbre. También nos dice que en un momento este proyecto de colonización fue realmente ambicioso -se pensaba traer miles de italianos- pero después, por problemas en el diseño de dicho proyecto, y a causa de la Revolución, los italianos traídos fueron abandonados a su suerte y la idea de la colonización se suspendió.

 

De este modo, llegaron colonos italianos a Veracruz (Colonia Manuel González), a Morelos (Colonia Porfirio Díaz), al D.F. (Colonia La Aldana), a San Luis Potosí (Cd. del Maíz) y a dos regiones de Puebla (en Mazatepec la colonia Carlos Pacheco y en Chipilo la colonia Fernández Leal). De todas éstas, la única que se mantiene sólida hasta hoy es la de Chipilo. Los otros colonos se disgregaron, se mezclaron y perdieron lengua, costumbres y demás rasgos distintivos.

 

Hay dos grandes vertientes que nos explican los motivos por los cuales Chipilo existe hoy. Una hay que buscarla en Europa: Italia se había unificado en 1866, apenas dieciséis años antes de que los italianos que formaron Chipilo fueran invitados a México. Esto explica muchas cosas: los antepasados de los actuales chipileños se dedicaban a labores rurales y la Italia de esos años sufría constantes crisis agrarias. Entonces la perspectiva de ir a poblar una zona extranjera bastante alejada, un lugar que se conocía sólo con el nombre genérico de Mérica, era una opción ante las circunstancias de esos tiempos. Y la otra razón hay que buscarla justamente en México: en esos tiempos, México vivía un desarrollo social burgués más anhelado que real; el país estaba en la etapa del afrancesamiento y los indígenas eran marginados en la vida social de la nación, de modo que poblar el campo mexicano con campesinos europeos se consideraba la mejor decisión. Italia estaba apenas unificada, reconociéndose a sí misma y descuidaba algunos aspectos de su suelo nacional y México deseaba europeizarse (hay estudiosos mexicanos que denuncian las políticas de blanqueamiento que desde el pasado, y aun hoy existen en el país). Italia dejaba salir a sus campesinos por el mundo y los representantes de México en el extranjero decían que no tenían suficiente gente de campo y que les sobraban tierras. Esto, por supuesto, estaba lejos de ser verdad.

 

De este modo, llegaron colonos italianos a Veracruz (Colonia Manuel González), a Morelos (Colonia Porfirio Díaz), al D.F. (Colonia La Aldana), a San Luis Potosí (Cd. del Maíz) y a dos regiones de Puebla (en Mazatepec la colonia Carlos Pacheco y en Chipilo la colonia Fernández Leal). De todas éstas, la única que se mantiene sólida hasta hoy es la de Chipilo. Los otros colonos se disgregaron, se mezclaron y perdieron lengua, costumbres y demás rasgos distintivos.

 

Fue el 2 de octubre de 1882 cuando por fin llegaron alrededor de 530 italianos a las ex-haciendas de Chipíloc y Tenamaxtla -aunque el aniversario de la emigración se celebra el día 7 de octubre: día de la Virgen del Rosario -, ex-haciendas que estaban abandonadas y que eran usadas por bandoleros para atracar a quien pasaba por ahí.

 

Aunque se conservan las listas de ingreso de los colonos de esa época, es difícil determinar cuántos eran realmente porque había nuevos ingresos y también deserciones, y no todo se anotaba en papel (sin contar los errores de los secretarios). Agustín Zago Bronca , el cronista de Chipilo, cree que había 529 italianos y 39 mexicanos en Chipíloc en 1882.

 

Casi todos los italianos fueron hacinados en el casco de la exhacienda, mientras con sus propias manos construían sus casas en los terrenos que el gobierno mexicano les había dado. Se dice que no era Chipilo el lugar destinado a los italianos, sino una zona de San Martín Texmelucan (San Bartolo Granillo), pero que mandos intermediosdecidieron otra cosa y entonces los inmigrantes fueron enviados finalmente a Chipíloc. Sea como haya sido, lo cierto es que los italianos no encontraron las pródigas tierras que les habían sido prometidas y por las que habían dejado su país, sino que tuvieron que sufrir grandes privaciones a fin de sacarles algún provecho. Hubo muchos que desertaron de la colonia y se establecieron en otras zonas del país o incluso fuera de México; algunos regresaron a Italia, pero la mayoría tuvo que quedarse en Chipíloc. Son tradicionales en la comunidad algunas anécdotas de esos años funestos en los que no se tenía casi qué comer y en que casi ni el trabajo excesivo aportaba beneficios.

 

El periodo de la Revolución afectó también a las familias italianas a través de saqueos y maltratos. Los -zapatistas que llegaron apenetrar en la comunidad deseaban robar comida, dinero y llevarse a las güeras. Si se toma en cuenta que en esos tiempos la mayoría de los chipileños eran de nacionalidad italiana, y que por lo mismo muy poco entendían de los motivos de las revueltas nacionales, se comprende con facilidad que tales turbulencias hayan sido una de las causas más determinantes para provocar que la comunidad se cerrara sobre sí misma durante los siguientes años. Además, no hay que olvidar que el grupo de inmigrantes se encontró con un gran engaño al llegar a México y que tal impacto tuvo que haber provocado sentimientos muy complejos en la colectividad.

 

Se produjo un enfrentamiento armado entre los zapatistas y los italianos el 25 de enero de 1917, combate del que los italianos salieron victoriosos. Chipilo fue el único pueblo de la zona que repelió con éxito el ataque.

 

BIOGRAFÍA: Montagner Anguiano, Eduardo. “Una Curiosa Historia Euro americana”. Ultimo reducto. 24 sept. 2005. Web. 10 Mar. 2011.

 

Cultura y Tradiciones

Tradiciones

Las tradiciones chipileñas que surgen del legado cultural europeo son numerosas, aunque algunas estén cayendo en el olvido, pues los tiempos cambian. Algunas de las tradiciones chipileñas que subsisten son las siguientes:

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El Bondí Bondán (Buen día, Buen año): se trata de una tradición, al parecer, nacida en suelo chipileño. El primero de enero de cada año, grupos de niños y jóvenes salen muy temprano por las calles a cantar casa por casa una breve canción en véneto con la que se les augura un feliz año a todos los chipileños. Los adultos, entonces, sobre todo las amas de casa, salen a regalarles dulces a los niños. La letra de la canción es ésta:

 

Bondí bondán
Deme na bona (la vostra) man
Que stegue ben tut al ano
Prima par al ánema e dopo par al corpo

 

La Vieja Befana: El nombre de la bruja Befana proviene del término Epifanía. Se la representa como una brujita sonriente que vuela en una escoba. Algunos hogares acostumbran dejarle una copita de coñac para que venza el frío. Usa un pañuelo o un sombrero en la cabeza, y sus ropas son viejas y sucias de ceniza, porque entra por las chimeneas. La Befana visita los hogares donde hay niños, en la noche del 5 de enero y madrugada del 6. Llega montada en una escoba y llena los calcetines, las medias o los zapatos que dejan los pequeños, con golosinas, juguetes y regalos si se han portado bien, o con carbón si se han portado mal. La leyenda cuenta que la anciana Befana no quiso ayudar a los tres Reyes Magos a encontrar el camino hacia el pesebre de Belén. Pero posteriormente se arrepintió, cargó una canasta con dulces y confituras y salió a buscarlos; como no los encontró, en cada casa que encontraba en su camino dejaba obsequios a los niños, por si alguno era el Niño Dios, y para ser perdonada por no haber ayudado a los Reyes Magos. Se cree que de allí nace la costumbre de regalar brujitas para las Fiestas.

 

 

Las bochas: se trata de un juego de hombres generalmente adultos. Es parecido al boliche. Se juega generalmente cada domingo, temprano, después de misa, en lugares destinados para tal propósito.

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El Rigoleto: es un juego que se realiza cada domingo de Pascua. Previamente varias familias pintan los huevos de Pascua, luego los padrinos regalan a los ahijados un pañuelo que contiene algunos huevos pintados y algún otro regalo y finalmente los niños se reúnen en el zócalo de Chipilo para jugar con una teja por donde dejarán caer cada huevo. Cada niño del grupo hace un tiro. El objetivo consiste en que el huevo lanzado sobre la teja alcance al que otro niño tiró previamente; si lo alcanza, el niño ganará dicho huevo.

 

Por lo que respecta a la tradición oral, en Chipilo existen anécdotas, leyendas y relatos propios, algunos traídos desde Italia y otros surgidos tras la emigración. La gran mayoría de los relatos y leyendas chipileñas presentan tintes humorísticos y en varios de ellos lo que se fomenta es la sagacidad, la vida en familia. En otros se recurre al juego lingüístico. Muchos, también, están ligados a elementos religiosos. A continuación presentamos algunas de las leyendas, mitos e historias más conocidas:

 

El Mazharól: se trata de un personaje legendario en la tradición véneta europea. Es una especie de duendecillo o diablillo vestido de rojo, muy pequeño, que hace frecuentes travesuras entre las que destaca la de entrar subrepticiamente a los establos por la noche para cambiar de sitio los instrumentos de trabajo y amarrar entre sí las colas del ganado.

 

 

Le luniere: se trata de unas supuestas bolas de fuego que de cuando en cuando atacaban a la gente por la noche, estampándose en las puertas de las casas dejando una marca.

 

 

I can de sboldríc (o perros destripadores): se refiere a unos perros que volaban sobre las casas en las noches. En realidad parece tratarse de patos silvestres que producen algo parecido a gruñidos caninos. Sin embargo, en Chipilo esto se volvió un relato fantástico al parecer inspirado en unos perros asesinos que cuidaban las villas de los nobles en Italia y que eran entrenados para atacar a quienquiera que se acercara. En Chipilo este relato se empleaba para atemorizar a los niños obligándolos a dormir temprano.

 

 

La creencia del hundimiento del barco: se trata de un mito según el cual el barco que trajo a México a los inmigrantes se hundió a los pocos momentos de haber desembarcado sus pasajeros en Veracruz. Existen documentos que prueban que dicho barco -llamado Atlántico- siguió funcionando, pero lo interesante de esta creencia estriba en que al parecer los inmigrantes crearon con ella una alegoría sobre la imposibilidad del retorno a la madre patria, sobre el definitivo hundimiento de Italia.

 

 

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Dentro de la gastronomía típica, hay platillos hechos sobre todo a base de maíz (como la polenta, que sirve de acompañamiento a modo de pan), el pan de maíz, y otros alimentos hechos sobre todo a base de vegetales, embutidos, lácteos y aderezados frecuentemente con vinagre y especias. Cabe mencionar que por mucho tiempo la comida principal de los chipileños fue la polenta. De hecho, en Italia polentón es un sinónimo de véneto. El spaghetti, panzerotti y demás platillos famosos de Italia no formaron realmente parte de la tradición gastronómica chipileña. Hoy -como sucede también en Italia- la polenta y demás comida característica de los vénetos pobres de antaño se sirve como platillo festivo y ocasional.

 

 

En lo tocante a la tradición laboral, la situación ha sufrido tres cambios principales: 1) Al emigrar, debido a las nuevas condiciones climáticas, los antepasados de los chipileños se vieron forzados a olvidar una de sus grandes tradiciones ocupacionales: la siembra de la uva para hacer vino y la cría de gusanos de seda para tela. 2) Ya establecida firmemente la colonia de Chipilo, predominó la ocupación agropecuaria. 3) Hace más de diez años, sin embargo, se introdujo a Chipilo la industria del mueble rústico que, al estar dirigida por ideologías ajenas a la comunidad, modificó muchos aspectos culturales en ella. Esta oleada de cambios sigue vigente y amenaza con ir fragmentando cada vez más la dinámica social de la población. La tradición arquitectónica véneta ha sido notada en la construcción de las primeras casas, en la de la iglesia, el panteón y en la estructura misma del pueblo. Sartor y Ursini señalan varios elementos arquitectónicos típicos del Véneto encontrados en Chipilo. El uso de la teja, el techo a dos aguas, las ventanas escasas y alargadas verticalmente, la comunicación entre la cocina y el establo, fueron elementos frecuentes durante los primeros años de la colonia. La cocina, por cierto, es el espacio de la convivencia familiar, donde todos concurren y donde además son recibidas las visitas.

 

 

La iglesia con una sola torre, sobria en sus adornos y colorido, también es comentada como una manifestación de la ideología arquitectónica véneta. El cementerio de Chipilo y sobre todo su parte más antigua, ha sido analizada por estudiantes de semiótica del Tecnológico de Monterrey. El doctor en semiótica, Alfredo Cid Jurado, ha visitado los cementerios de las poblaciones en las que nacieron los antepasados de los chipileños y ha afirmado que existen semejanzas arquitectónicas sorprendentes entre ambos. El panteón de Chipilo está construido en niveles descendentes, tras el cerro de la población. No debe haber sido casual la elección del lugar en que los primeros chipileños decidieron construirlo.

 

 

Puede que los italianos fundadores de Chipilo, al provenir de regiones muy montañosas, hayan decidido trazar su pueblo tomando como baluarte el pequeño cerro llamado Monte Grappa (al igual que el Grappa que se yergue en el Véneto). Hay quienes comentan que el Grappa de Chipilo y la iglesia dan la impresión de estar colocados frente al pueblo. De hecho, se dice que los primeros pobladores de Chipilo querían construir sus casas lo más cerca posible de ese cerro y de la iglesia. Otro aspecto comentado es el de que el pueblo no esté dividido por manzanas, como es típico en otras comunidades mexicanas.

 

 

BIOGRAFÍA: Montagner Anguiano, Eduardo. “Una Curiosa Historia Euro americana”. Ultimo reducto. 24 sept. 2005. Web. 10 Mar. 2011.

 

Imagenes del Chipilo

 

 

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